miércoles, septiembre 17, 2008

LA ABADIA DE MELK.




Antes de continuar nuestra ruta en bici, fuimos directos al monasterio para ver si podíamos visitarlo y así hicimos. La primera parte de la visita discurre por un precioso museo lleno de riquezas y tesoros eclesiásticos que mejor estarían empleados en el tercer mundo que detrás de una vitrina, pero, como dice el refrán "donde hay patrón no manda marinero", así que entre copas de oro y piedras preciosas, relicarios y arte en general empezamos nuestra visita a este magnífico monasterio.

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